El régimen de visitas tras el parto

Cuando llega un bebé todo el mundo (familiares, amigos, conocidos y hasta algún acoplado) quiere ir a conocer a la criatura y ver cómo se encuentra la mamá. Algunos hacen esta visita en el hospital y otros esperan a que estén recién instalados en su casa. En este post os hablamos de estas primeras visitas que a priori parecen sencillas pero pueden resultar complicadas y tensas.

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Es importante que los primeros días tanto familiares como amigos, se laven las manos y se pongan una muselina extendida entre el hombro y el brazo antes de coger al pequeño para evitar que el bebé esté en contacto directo con bacterias externas. El recién nacido apenas tiene defensas y debes protegerlo de posibles infecciones.

 

Antes de empezar, es necesario y prioritario hablar del estado de la mamá y el bebé después del parto, puesto que eso será decisivo a la hora de recibir o no visitas los primeros días. En un hospital público, tras un parto vaginal sin complicaciones, los papás y el bebé solo permanecen dos noches ingresados, en el caso de parto por cesárea son tres noches, en ambos casos poco tiempo para una correcta recuperación en todos los sentidos. En caso de que el bebé esté bien y la mamá también y se encuentre con ánimo para recibir a familiares y amigos, podéis organizar de manera gradual y sin saturaciones estas visitas. Pero hay ocasiones en las que el bebé tiene que estar en observación o ingresado (con la consecuente preocupación de los padres) o que la mamá ha tenido un parto duro o simplemente no ha sido capaz todavía de asimilar la nueva situación, algo muy normal aunque no haya tanta literatura sobre este tema. En estos últimos casos, puede que recibir visitas los primeros días no suponga más que empeorar la situación de estrés y desestabilice los primeros días de los papás con el bebé. Este asunto es conveniente que sea tratado por la pareja días previos al parto para evitar futuras discusiones y actuar de forma conjunta no permitiendo visitas, situación que siempre es algo incómoda pero también necesaria.

Este es un tema al que a veces no se le da importancia y en realidad, si la tiene. Así nos lo hizo ver la matrona de nuestro centro de salud, que semanas antes de dar a luz impartió una charla para las futuras mamás (y también los futuros papás) en la que nos habló entre otras cosas, de las visitas los primeros días. Es importante que la emoción y euforia del momento no nos haga olvidar que la mamá y el bebé necesitan tranquilidad y descanso y son los que de verdad importan. En este contexto el papá tiene un papel primordial porque deberá de ser él quien trate con familiares y amigos para gestionar o impedir las visitas, una situación a veces incómoda pero de la que se debe hacer cargo para favorecer la tranquilidad de madre e hijo.

En el hospital
Como nos hemos referido anteriormente, antes de que llegue el día, es buena idea hablar con familiares y amigos con respecto a las visitas del hospital. Como es imposible predecir como va a ser el parto ni cómo se van a encontrar el bebé y la mamá, es mejor avisar con antelación de que preferís esperar al momento para decidir si queréis o no visitas en el hospital. Una vez que valoréis la situación, podéis avisar (por “turnos” para evitar que se acumule mucha gente en la habitación) a algunos familiares y amigos para que vayan a conocer al nuevo miembro de la familia o por el contrario, si preferís esperar unos días a estar en casa más asentados y relajados. Aun así, siempre puedes encontrarte con que haya gente que se presente por sorpresa y sin avisar.

En cualquier caso, siempre es bueno que el papá esté atento y si aprecia que la mamá o el bebé empiezan a estar cansados, evite que las visitas se alarguen más de lo debido. Aquí podéis crear una especie de «contraseña» para que el papá sepa que es hora de despedir a los invitados o llevárselos a tomar un café. Como comentábamos antes, puede resultar incómodo tener que decirle a familiares y amigos que se marchen, pero la prioridad es el descanso y la tranquilidad de la mamá y el bebé.

En casa
Cuando llegas a casa, puedes tener sentimientos encontrados. Por una parte estáis contentos de estar de vuelta, en vuestro hogar, con las cositas que habíais preparado para el bebé, pero por otro lado podéis sentiros algo desprotegidos sin personal sanitario a vuestro alrededor que resuelva de inmediato vuestras dudas y un bebé recién nacido, un gran cambio en vuestras vidas. Es bueno llegar sin prisas, sin estrés y sin grandes planes para los próximos días. Simplemente descansar (lo que se pueda) y disfrutar de esta nueva situación. Cuando consideréis que estáis bien y asentados de nuevo en casa y con la rutina algo establecida, es hora de continuar recibiendo a amigos y familiares.

Eso si, las visitas como bien dijo nuestra matrona, deben ser como las «visitas del médico”, breves. Recordamos con humor cuando comentaba que eso de sacar aperitivos y bebidas para que la gente se sienta cómoda y a gusto era un error. En cualquier caso, con aperitivos o sin ellos, igual que lo comentábamos para el hospital, el papá deberá estar atento a la mamá y el bebé e invitar a retomar las visitas otro día si se alargan más de los debido (os vale la contraseña del hospital).

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